En el mundo de la inteligencia artificial, la competencia es feroz. Tras la fiebre por los ingenieros de prompts y los diseñadores de modelos multimodales, ha surgido una nueva obsesión: los neurocientíficos. Las grandes tecnológicas están librando una auténtica batalla para atraer a estos expertos, ofreciendo salarios y beneficios que recuerdan más a los de las estrellas del fútbol que a los de la investigación académica.
¿Por qué la neurociencia?
La razón detrás de esta búsqueda frenética es simple: los modelos de lenguaje (LLM) se han convertido en un estándar. La verdadera ventaja competitiva ya no reside en tener un LLM, sino en hacerlo más eficiente, predecible y, en última instancia, más inteligente. Y para lograrlo, las empresas de IA están convencidas de que necesitan comprender mejor cómo funciona el cerebro humano.
Como señala Javier Lacort en su artículo en Xataka, dos áreas concretas de la neurociencia son de particular interés:
- Consumo energético: El cerebro humano realiza operaciones complejas con apenas 20 vatios, mientras que los sistemas de IA consumen cantidades mucho mayores de energía para tareas similares. Reducir esta brecha es un objetivo clave.
- Interpretabilidad: Entender por qué un modelo de IA toma una decisión es crucial. La neurociencia ofrece herramientas para analizar procesos de decisión complejos, que pueden aplicarse a las “cajas negras” algorítmicas.
El caso Battista y otros ejemplos
Aldo Battista, investigador de la Universidad de Nueva York especializado en los procesos de decisión cerebral, es un claro ejemplo de esta tendencia. En septiembre, Battista se unió a Meta para aplicar sus conocimientos a los sistemas de recomendación de contenido en redes sociales. Su investigación académica sobre cómo elegimos qué cenar ahora se utiliza para predecir qué video nos enganchará en Instagram. Un impacto mucho más rápido que la publicación de papers académicos.
Otros ejemplos incluyen:
- OpenAI: Se acercó a Merge Labs, una empresa de implantes cerebrales competidora de Neuralink.
- Akshay Jagadeesh: Se unió a OpenAI como research resident tras años de estudio del cerebro y la percepción visual.
- Ruslan Salakhutdinov: Es parte de Apple AI Research, donde aplica su experiencia en modelos inspirados en sistemas biológicos.
El rastro del dinero
Las ofertas salariales son un claro indicador de la importancia que las empresas de IA otorgan a los neurocientíficos:
- Investigador en OpenAI (ciencias matemáticas aplicadas a IA): 178.000 a 342.000 dólares anuales (sin contar bonos ni acciones).
- Investigadores con mezcla de IA y neurociencia en laboratorios privados: 150.000 a 350.000 dólares anuales.
- Paquetes totales de OpenAI: Han alcanzado la franja de los millones de dólares (salario, bonos y acciones).
¿Desesperación en Silicon Valley?
Esta carrera por los neurocientíficos sugiere que la industria de la IA está buscando desesperadamente nuevas ventajas competitivas. Matthew Law, de OpenAI, lo resume así: las empresas han ampliado su búsqueda más allá de los graduados en informática y están explorando toda la base científica disponible. La cantera de desarrolladores puros empieza a agotarse, y la neurociencia se presenta como un nuevo horizonte.
Conclusión
La creciente demanda de neurocientíficos por parte de las empresas de IA marca un punto de inflexión. Implica que la próxima gran innovación en IA podría surgir de la comprensión profunda del cerebro humano. Silicon Valley está dispuesto a invertir grandes sumas de dinero para asegurarse de no perderse esta oportunidad, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de la investigación académica y la disponibilidad de talento en este campo crucial.
Fuente: Xataka
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